Una valoración de un capítulo de Puente Viejo. ¿Cómo
se supone que se hace eso? O mejor dicho, ¿cómo se supone que una Raipaquista
debe hacer eso?
Según la RAE (a la fiabilidad máxima, si eso…),
significa acción o efecto de valorar. Valorar cosas, obviamente. ¡No vamos a
valorar la NADA! El problema es que no concretiza y claro, no sé yo si la
valoración de servidora debe seguir las mismas pautas que la de una
Alfonsoemilista o una Conradoaurista… Así que, como hay algo que se llama
libertad de expresión, dudo yo que encuentre tales pasos por ahí y tampoco creo
yo que sean importantes, pues voy a empezar, así, ¡a lo loco!
Sí, sí… No tiene mucha valoración de capítulo el
párrafo anterior pero oye, una introducción para destensar nunca está de más.
Además, lo pongo porque quiero, ¡qué para eso soy mía!
ARRANQUEMOS PUES…
¡Comienzo de capítulo! Ignoramos ese resumen ciertamente
molesto del capítulo anterior, y más cuando Francisca Montenegro, el ciclón de
los ciclones, se nos desmonta como un castillo de naipes (y qué bien se deja
caer…). Mauricio, como nunca hayamos podido verlo, ¿tal vez cuándo se sucedió
todo lo de Efrén? ¡Tensión, tensión! ¡Cuánta tensión acumula el hombre! ¡Cuánto
grito, cuánta desesperación! Sólo le faltaba el “boca a boca” para terminar de
dejar helado al personal. Francisca, esa que yo, por lo menos, no reconozco con
esa fragilidad repentina que le aparece. Y, por último, sin obviar la presencia
de las dos criadas “figurantes” (¡qué bien importantes son!), Mariana. La
pequeña de los Castañeda (no será en altura, no…), que parece que va a sufrir
un infarto ante la inconsciencia de Francisca. Lo siento, pero seguirá
sorprendiéndome que odiando como odia a su señora, se desespere de tal manera.
Así, abandonando un instante mi lado raipaquista, ¡ahí la dejaba yo soltando lo
que le quedara de oxígeno! Pero es Mariana, nuestra Mariana, que es más
avispada que su madre pero tiene un corazón demasiado grande (más que uno que
yo me sé y que prodiga falsa santidad por el pueblo…).
¡Francisca se despierta! Después de una cabecera
monótona que ya deberían ir cambiando (yo sigo así, por lo bajo y por lo alto,
diciendo que no pegarían mal en la cabecera el Raimundo ese y la otra, la tal
Francisca). Pero, vamos, vamos, ¡no nos vayamos del sendero trazado! Se
despierta, sí, y se encuentra al armario de dos puertas, de nombre Lesmes
Colmenar. Un médico que me apuesto a lo que sea trabajó de guardaespaldas de
algún tipejo de poca confianza, de estos que es mejor no tratar ni de lejos… Un
Pardo, por ejemplo. El caso es que, diagnóstico por aquí, receta por allá, sutilidad
en Francisca para dejarle claro que “se pasa su profesionalidad por donde amargan
los pepinos”. Y, cómo no, mencionamos al primo Fulgen, ¡cómo no lo íbamos a
mencionar! Al cansino éste que va matando por ahí a enfermas con las que se
alía y le tiramos flores… ¡Claro, Francisca! Maldito el día en que perdiste
esas facultades tuyas de pillarlo todo a la primera (la culpa fue del Ulloa,
cambiando un poco la canción, y de tanta hormona revolucionada con la llegada
de este mismo).
Hacemos algo que se llama… Estirar los brazos, dar
un par de bostezos y hacer que el tiempo vaya más rápido tomándonos un cafelito…
Que no tengo yo nada en contra de Pepón, Severiana y Pepona (no me estoy
riendo, ¡lo prometo!), ni tampoco lo tengo con el interrogatorio de Dolores a
Isidro, ni con… Me voy a seguir tomando ese café.
¡Volvemos! Francisca, su mochuela y su ironía acerca
del esposo torcido. Ese Terence que al final por su color de piel no va a ser
por lo que más nos sorprenda. ¡Qué será lo que tiene el negro, dicen! Ni con
jaquecas que la llevan a desmayos se niega a ser tan “divertida”. Divertida y
cabezona. ¿Qué sería ella sin su orgullo? El que lleva en los andares, la
mirada, las palabras… ¿Para qué se va a tomar la medicina que Mariana le trae
de parte del armario de Lesmes teniendo al maravilloso, profesional, intachable
y buenísimo de su primo Fulgencio? ¡No! ¡Ni loca! Como su primo “el asesino” no
hay nadie…
Nos ahorramos lo que sucede tras la ausencia de
Francisca, que como siempre se va dejando a todos con la palabra en la boca
(¡olé, ella!). Y nos vamos al consultorio, con nuestro amigo Nikea y Pepona que
charlan de lo interesantes que son los términos médicos hasta que la escena
romántica es interrumpida con Raimundo. ¡Caramba! Sólo 20 minutos han sido
suficientes para que salga en escena. Y viva su sutilidad para preguntar por
Francisca y su estado de salud. ¿Qué se dan cuenta de que me interesa? ¿Qué se
me nota que estoy preocupado? ¡Pues que se note! Así que hoy, por qué no, si se
lo ha ganado, vamos a achucharlo más que otros días que ha sido valiente y así,
sin pretenderlo, le ha hecho un ZAS a su querida nieta. Aurora, Aurora… ¿Qué
habrá estado pensando mientras veía que su abuelo moría por saber del estado de
su “abuelita”? Sinceramente, no me interesa demasiado, ya que la muchacha no
vamos a negarle que ha dado un empujoncito para que aquel diagnóstico fuera
dado al Ulloa que con un “si Francisca no fuera para mí lo que es” se ha
quedado más ancho que largo. ¿Qué es, Raimundo? ¿Qué es? ¡Dilo, por Dios!
¡Dilo! No nos hagas especular con tan terribles mentes pecaminosas.
El caso es que le dan su diagnóstico, ¡y adiós muy
buenas! Para qué quiere más el hombre, si con terminar la conversación oyendo
el nombre de Fulgencio ha tenido suficiente (sí, Raimundo, a ti tampoco te cae
bien). Y pensaréis que ya nos vamos pero no, ¡qué la nieta se tenía que soltar!
“El conocerse no les ha traído felicidad ni al uno ni al otro”. No, hija, y tu
padre vino al mundo porque eran terriblemente infelices… Que unas cosas, no
quitan otras, ¡no seamos, no seamos!
Nos vamos a seguir tomando el café, un ratito… Sólo
me paro para decir que el acentillo de Jonás me parece algo forzado (con la
naturalidad que tiene el chico en su día a día para expresarse). ¡Y patético
esto de Simón! Por Dios… ¡Soledad está perdiendo el norte! ¡El clon la está
trastornando! Pero sigamos dando sorbos al café que, total, ni que me vaya a mí
a preocupar Juan 2.0.
¡Escena Raipaquista! ¡Bitch! ¡OMG! ¡Oh yeah! Y todo
lo que se os pueda pasar por la cabeza para dar un brinco. La lástima es no
batir el récord… 35 capítulos tenemos como máximo y, ¿nos dejan en 32? A eso yo
lo llamo maldad, pura y dura. Sí, de esa que tienen con nosotras desde siempre,
seguro que a alguna le suena. La cuestión es que la hay, ¡sí! Después de 32
capítulos se ven en el mismo plano y SOLOS. Milagro. Francisca pierde el tiempo
hablando con el pariente éste, el de los aplausos por asesinar, hasta que
Mariana le avisa de la llegada de su amado. El que no es recibido pero entra,
como un coche de alta cilindrada, porque es Ulloa y ya está.
Pequeña introducción para presentar la escena.
Mariana se va (no se ve pero se va), Francisca se sienta en plan de “cualquiera
lo echa ya que ha llegado hasta aquí” y Raimundo le sigue… ¡Y cómo le sigue! “Todavía
me interesa la salud de la gente a la que… a la que conozco”. Condenada pausa…
A LA QUE QUIERO. Sí, eso que también se había callado en el consultorio debía
ser. Lástima que no veamos una reacción en Francisca (a veces, el juego de
cámaras, me trastorna). Y de nuevo en el Ulloa reina la sutilidad. “La última
vez que nos vimos te mandé al diablo por abandonar a tu ahijada pero ahora
vengo cual hombre enamorado a preguntarte si estás malita”. ¡Claro que sí!
¡Viva tu bipolaridad, ex-tabernero! Orgullo Montenegro y cabezonería Ulloa le
siguen a la breve charla. Breve, sí, porque Francisca se levanta dispuesta a
marcharse (sí que le duele pues poco aguanta la contienda con su “rival”) y
casi se nos desploma en el sitio, ¡y Raimundo acude a su vera para sostenerla!
(Y de nuevo me vuelvo a enamorar de los planos que te enseñan tan bien por
donde agarra). Pero como la imaginación es gratis y de eso vamos sobradas, yo
voy a pensar que la agarra de la cintura (las posaderas es pedir demasiado…).
Admito que, por más escena raipaquista que sea, como
que voy a ignorar un poco el tema de por qué Francisca está así. No ha flaqueado
con sus hijos, va a flaquear con María. ¡Y lo hizo cuando Tristán porque
falleció! (En serio, me la han cambiado, la Paca no se desploma así porque sí
y, ¿por la edad? Por la edad debería haber muerto a manos de Ayala y Sebastián).
Mal, muy mal… Rescato, eso sí, la frase final de Raimundo “Aún tengo fe en ti”.
Veremos cuanto te dura, ¡bipolar! Rescato también la música de estos dos,
preciosa… Lo de ver a Francisca rindiéndose a su dolor sobre la mesa, no lo
rescato tanto. Lo rescataré cuando se desplome ante el Ulloa como con Mauricio.
Demasiado débil ha quedado ese amago del Ulloa. Demasiado. Eso sí, qué mirada
señora Francisca Montenegro. Qué mirada a su amor.
Seguimos de nuevo con nuestro café (es que es de
taza grande y dura) y pasamos por alto un poco del Ulloa con nuestro querido
Pepón. Lo siento chaval, pero tus frases no han de motivarme lo suficiente como
para que me detenga en ellas, estés con quién estés. Él habla y yo miro la
gorra del Ulloa (mucho más agradable a la vista que la boina que se le pegó de
los hermanos Castañeda allá por 1903). Se va, ¡se va! Gracias, hijo. Gracias.
Me quedo mejor escuchando a Raimundo hablar a María de Francisca. De la
confianza que él deposita, en parte, en que madrina y ahijada se reconcilien.
Sólo una cosa, María, chiquilla, tu abuelo va a ver a tu madrina cuando se
supone que no se tragan y tú en Babia (es de Severiano, está claro).
Aquí no hay que hacer parón y la culpa es de la Paca
(que guapa va la condenada), que tiene por costumbre ponerse enferma y
tomársela a guasa. ¿Qué me desmayo? Pues ya me despertaré. ¿Qué me rompo una
pierna? Pues ya me apoyaré en algo… La cuestión es salir a la plaza, buscar a
María y hacer caso al amor de tu vida (porque sí, le estás haciendo caso, por
lo menos de primeras, hagas lo que hagas después lianta del demonio).
¿Romualdo? Sí, ese… Lo nombro porque nada, se le
mete ahí a la mujer en el camino, sin venir a cuento, para pedirle faena (mira
que es pegajoso el hombre éste). ¡La toca! ¡Mariana saca los dientes! ¡Miradas
matadoras de la Montenegro! “Tener miedo a cuatro tiñosos…” Vamos, vamos…
Y hacemos otro saltillo, que digo que no tengo yo
nada contra los demás, ¿eh? ¡Encuentro con María! Bien… Aburrido. Lo siento,
pero la niña que asiente a todo lo que le pide su enamorado me frustra. La niña
que ignora a su familia y luego se las da de super maravillosa me frustra. ¡Cuánto
la mimaste, Francisca! ¡Cuánto! La Paca le regala el oído con cuatro tonterías
que le dan esperanzas a la niña, la convence, la ilusiona y se va tan pancha…
¡Qué fácil cae! Y ya está. Ya está.
Sólo me permito añadir esto último, como curiosidad
enorme hacia el avance. Francisca confirmando a Pepón que él mató a su madre.
¡Oh, oh, oh! Me estoy muriendo de la emoción. Creo que voy a llorar. ¡Dios mío,
dios mío! Francisca mató a la partera… Increíble…
Anda q no te has quedado a gusto, ni ná.
ResponderEliminarMe tienes q decir 1º como es de grande la taza de café y la marca del mismo para no caer en el sopor de ciertos tramos de la novela y 2º no me trago q SOLO y EXCLUSIVAMENTE te hayas tomado en café a palo seco y no lo hayas acompañado con un deliciosos DULCECITO jejejejje
Gracias por el resumen Miri!!!
Jajajajajaja.... yo también quiero una taza de café de ese tamaño...
ResponderEliminarMuy bueno Miri, me he reído de lo lindo... jajajaja..creo que no me hará falta ver el capítulo.... buen resumen como dice Rosa...
Genial...
Lo leí ayer, pero he esperado a comentar hoy desde el PC, no podía esperar otra cosa de ti que no fuera ironía, y me encanta, me encanta, me encanta!
ResponderEliminarPor fin Francisca apareció más veces de lo que nos tienen acostumbradas últimamente eso merece una gran ovación ( ueeee ). Y como siempre La Bouzas inmensa toda ella, ofreciendo tantos registros en tan poco espacio, que si te miro enamorada, que si te miro con odio, que si medio tuerzo la sonrisa y me río de ti, que si me sorprendo y al momento te meto un Zasca!!! en fin, me encantó.
Cotorras!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ese momento en especial.. jajaja!!!
gracias!!
Natalia.
buaaaaa genial ese artículo miri!!! porque despues de tanto letargo, es un gusto ver algo interesante!!! Rai y Paca me los como!! si es que ese si no..cansa pero sigue nenganchandome como el primer dia!! y siii yo tb termine la frase en el dispensario jaajjajaja, la que tenia que haber acabado rai de otra manera...XD y el momento Mariana de lo más...vamos que poco que añadir!! gracias x ese pedazo de articulo!!
ResponderEliminar